La primera lectura de hoy es un extracto del capítulo 49 de Isaías. Estos breves extractos de las lecturas que hacemos en la Eucaristía se comprenderían mejor si previamente nos acercáramos a dichos pasajes, si los leyéramos anticipadamente. Esto también es aplicable a este pasaje.
El capítulo 49 habla de la misión del Siervo del Señor, que se extiende hasta el capítulo 50, y también se narran sus sufrimientos. La misión del Siervo es reunir al pueblo, a los pueblos dispersos para que la salvación de Dios llegue a todos los confines de la tierra. Esta misión le corresponderá también a Jesús en el Evangelio.
En la segunda lectura, Pablo escribe a los primeros cristianos de Corinto. En aquella Iglesia se estaban produciendo serios problemas y desórdenes. Había personas que cuestionaban la autoridad del apóstol Pablo y estaban causando serios problemas a la comunidad. Pablo deja claro su rol y su llamamiento: «llamado por la voluntad de Dios para ser apóstol». Luego les desea gracia y paz de Dios Padre y del Señor Jesucristo.
En el Evangelio de este domingo (segundo domingo del tiempo ordinario), volvemos a las orillas del río Jordán y a la labor de Juan el Bautista. Es importante tener presente que las personas que acudían a Juan para ser bautizadas en un baño de purificación eran judías. Estaban familiarizados con el Siervo Sufriente del profeta Isaías, el Mesías prometido. Por tanto, entendían la profundidad del significado de la referencia de Juan al Cordero Pascual. Desde los primeros siglos, el arte cristiano ha representado a Jesús como el Cordero de Dios. Él es quien se lleva los pecados del mundo. Fíjate, cada vez que asistimos a la Santa Misa, el sacerdote eleva el Cuerpo y la Sangre de Jesús y dice: «He aquí el Cordero de Dios…». En ese momento, contemplamos a Jesús, realmente presente. En ese momento, somos invitados a participar del mayor de los misterios. Jesucristo está verdaderamente presente, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad, en cada eucaristía, y se nos invita a recibirlo.
No pocos comentaristas de la Escritura señalan en los textos de este domingo, otra idea muy bonita, otra lección. Necesitamos que Alguien nos presente a Jesús. Otra lección de este domingo a través de sus lecturas es que necesitamos que alguien nos presente a Jesús. De él dice proféticamente Isaías: «Tú eres mi siervo…» pues solo en él se hizo realidad lo que significaba ese nombre de «Israel.» De él dijo el Bautista: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.» Necesitamos que nos presenten a Cristo porque a través de esa presentación llegamos a saber qué puede hacer por nosotros este Cristo a quien seguimos.